Siete de abril

Relato publicado en la revista El Tot, 1995.




SIETE DE ABRIL

La lluvia intensa produjo el apagón. Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada y no había nadie en las calles; sólo la luz de una cabina de teléfonos permanecía encendida iluminando unos metros a su alrededor. Un automóvil circulaba a toda velocidad por la segunda avenida del poblado cuando de repente, un animal se cruzó en la vía haciendo que el coche se precipitara hacia la acera, volcando y chocando contra la esquina.

La mañana aparecía soleada y calurosa cuando Lydia despertó de su inconsciencia. Se frotó la dolorida cabeza y vio sangre en sus manos. A su lado, su marido estaba inmóvil echado sobre el volante. Ella le apoyó la cabeza sobre el asiento y, viendo que no obtenía respuesta alguna a sus llamadas, salió del coche pensando en buscar ayuda. Vio en primer lugar la cabina de teléfonos, entró en ella y decidió llamar a una ambulancia.

Levantó el auricular, echó unas monedas y trató de marcar el número correcto: las manos le temblaban.
Era extraño no oír ninguna señal en la línea, así que volvió a marcar varias veces sin éxito. A través del cristal podía ver a varias personas circulando por la avenida y quiso llamarles, pero no logró abrir las portezuelas: parecían herméticamente cerradas. La gente que había visto pasaba prácticamente por su lado.
-¡Ayúdenme! -gritó golpeando con los puños los cristales. -¡No puedo salir!
Nadie pareció darse cuenta de su presencia, ni tampoco del coche volcado contra la esquina. Pronto desaparecieron por una de las esquinas de la calle.

Lydia no cesó de golpear los cristales una y otra vez, hasta que exhausta, se fijó en el auricular que ahora colgaba ondulante casi rozando el suelo. Lo cogió con furia y lo lanzó fuertemente hacia uno de los vidrios. Al caer de nuevo, lo recogió y volvió a golpear llena de rabia.
Las lágrimas asomaban a sus ojos al comprender que todo esfuerzo era inútil; parecía estar atrapada sin remedio en una maldita cabina de teléfonos. Vencida, se sentó en el suelo y volvió a llorar, pero ésta vez con más fuerza. El rimmel manchaba el contorno de sus ojos y el pelo le caía alborotado por la cara.
¡Bip, bip! El reloj digital de su muñeca le indicó que eran las doce del mediodía, hora en que una gran cantidad de personas empezó a agruparse a su alrededor. Alrededor de la cabina. Entonces sintió que renacía su esperanza e hizo gestos a todos aquellos que la observaban.
-¡Estoy atrapada! ­¡Ayúdenme! -gritaba.
Varios niños hablaban entre ellos señalándola. Podía oír cómo sus madres les decían:
-¡Cuidado! ¡No os acerquéis demasiado!
Lydia volvió a pedir auxilio pero ninguna de aquellas personas parecía tener intenciones de ayudarla. Más bien, se les adivinaba en los ojos un interés especial por ella, como un animal del zoo ante la visita de unos estudiantes.
Miró a su derecha. ¡Su coche había desaparecido de la acera! ¡No quedaba ni un solo rastro de él!
La impresión fue tan fuerte que se desmayó cayendo al suelo sobre un costado hasta que el ruido que hizo el teléfono la despertó. Se incorporó con esfuerzo y aturdida, miró el auricular tirado en el suelo. El cable estaba roto, y sin embargo, el teléfono sonaba. Se lo colocó por instinto en el oído.
-Diga...
-Swelpetofg anchegyz eggow.
-¿Quéee? ­¡No le entiendo! -exclamó. -¡Sáqueme de aquí, estoy encerrada!
-Henkelpfagger spotkh.
-Pero...¿qué dice? ­¡Hable claro! -gritó.

La voz metálica que había estado escuchando, cesó, y al momento, el auricular emitió un sonido largo y continuo. Habían colgado. Transcurridos unos segundos, el suelo de aluminio se abrió bajo sus pies haciendo que cayese irremediablemente en un abismo profundo y oscuro.

********

El agua del río se veía cristalina atravesando el prado resplandeciente de verdor. El sol brillaba en lo alto y ni una sola nube amenazaba en la distancia.
Lydia contemplaba admirada este paisaje cuando vio detrás de unos abedules una gran cabaña de madera con grandes postigos abiertos. En las ventanas había cortinas blancas y de la chimenea salía un ligero humo blanquecino. El jardín estaba repleto de flores y se distinguía parte del arco de un pozo en la parte de atrás. Se acercó con sigilo y entró.
Una gran mesa rectangular se hallaba preparada como para un festín, y once personas de pie la miraban sonriendo.
-¡Bienvenida! -le dijo un hombre de pelo gris. -Siéntate, por favor.

Lydia se sentó en un extremo de la mesa.
-Como estrenado miembro de la familia te concedemos el honor de presidir en esta ocasión nuestra mesa. Ya somos doce, hermana, y hemos de dar gracias con esta comida por poder vivir en este paraíso. Hoy, como cada siete de abril, lo celebramos y recibimos nuevos hermanos.- Hizo una pausa y añadió:
-Ahora desearíamos que sirvieses las copas con nuestro vino de fraternidad. -invitó muy amablemente.
Y ella sonrió al ver por la ventana cómo su esposo se acercaba tímidamente a la casa.

**********

Una noche tempestuosa de un siete de abril hubo un apagón general, sólo permaneciendo encendido el fluorescente de una antigua cabina de teléfonos. Por la avenida circulaba un automóvil, cuando de repente, algo se cruzó en su camino haciendo que volcara dando varias vueltas de campana. Minutos más tarde, un joven salía del coche accidentado con intención de llamar por teléfono para pedir auxilio.

Era otro miembro a añadir a la familia de... LA CABINA.

6 comentarios:

TitoCarlos dijo...

Contrariamente a 'La cabina' de Jose Luis Lopez Vazquez, este tiene un final feliz.
Me gusta.

Martikka dijo...

Gracias por el comentario, Tito Carlos. Está inspirado en "La cabina" pero dándole otro toque.

B. Miosi dijo...

Hola Martikka, un relato correctamente escrito y de un tema para el que definitivamente se debe tener un don especial. Te felicito, me preguntaba mientras lo leía cuál sería el final, y lograste sorprenderme.

Un abrazo,
Blanca

Ananda Nilayan dijo...

Evidencia de inspiración de la famosa cabina, con final sorprendente y una pregunta en mi mente todo el rato: Hacia dónde lo va a llevar??? Huiré las las cabinas por si acaso... buen invento el móvil. Saludos.

Martikka dijo...

Gracias por el comentario, Ananda. Aunque fue inspirado en "la cabina" tenía que hacerlo diferente. Este es uno de mis primeros relatos, allá por el 90-91.

Blanca, veo que a tí tambien te sorprendió el final!

online shopping dijo...

i want to learn from you. good luck...