Pasado

Relato publicado en el nº2 de la revista literaria de Santiago de Chile Absenta (septiembre, 2009)




PASADO

Él vuelve a casa y deja las llaves al lado del teléfono. La puerta se ha cerrado detrás de él impulsada por la corriente que circula por la escalera del edificio. Hoy hace mucho viento y tiene un fuerte dolor de cabeza. Acaba de darse cuenta de que aún carga con la maleta y la arroja con cierto desdén sobre el sofá del salón.
Todavía están los mismos horribles cuadros y las estanterías polvorientas con raras esculturas chinas. Siempre las detestó, pero formaban parte de ella, tanto como las alfombras y los muebles antiguos. Nunca acabó de gustarle su forma de decorar la casa; tampoco que tuviera esa manía de ordenar en fila las botellas de perfume del cuarto de baño. Pero de todas formas la ama, por eso ha vuelto. Y aunque han pasado dos años está seguro de que ella le espera, impaciente, enfadada tal vez, pero ansiosa por volver a sentirlo en sus brazos.

No sabe si sorprenderla preparando la cena o invitándola a cenar fuera. En el frigorífico hay suficiente comida para los dos; también hay vino y un pedazo de pastel. -Prepararé algo, quiero que recuerde mis cenas improvisadas.
Mira su reloj y ve que es pronto, no son más que las siete, así que esperará un par de horas. Vuelve al salón y desde allí mira hacia el fondo del pasillo: ahí. Ahí es donde espera dormir esta noche. No cree que ella le ponga ninguna traba. Y si lo hace, esperará a mañana. Comprenderá que su repentina llegada le ha trastocado un poco las costumbres.
Y la cama ya no es la misma que compartieron, tampoco el armario de espejos. Seguramente quiso borrar los recuerdos, pero estos siempre flotan como molestos insectos en el aire y nunca acaban de marcharse por completo. Ella lo sabe, está seguro; sabe que algún día tenía que volver. Y ese día es hoy, precisamente hoy que hace dos años desde que se fue dejándola de pie con sus lágrimas, atormentándose con sus propias súplicas. Estaba enamorada de él, por eso sabe que lo recibirá bien. Sus sentimientos seguirán intactos porque eran verdaderos, no importa el tiempo ni la distancia, tampoco otras personas. Importan ellos dos y el ahora.
Se tumba en el sofá y con el mando a distancia conecta la cadena de música: las notas firmes e impacientes de Beethoven van oscilando por el salón hasta hacerle dormir. Ha hecho un largo viaje hasta allí y cansado, entre sueños inverosímiles, piensa la posibilidad de que ella vuelva antes de las nueve. ¿Y si viene acompañada? No, no creo. Nunca me haría esto. ¿Y por qué no? ¿Acaso no ha podido rehacer su vida? Tal vez sea mejor que me vaya, que me aleje rápido de aquí.

Nervioso por esos pensamientos, se desvela completamente y se levanta del lugar donde dijo que se marchaba, que estaba cansado de vivir siempre con la misma persona y hacer siempre las mismas cosas. Le dijo que se marchaba porque quería experiencias, aventuras sorprendentes. Quería cosas que ella no le podía dar, o que él no quería que ella se esforzara en dar. En definitiva, le dijo que no la amaba lo suficiente. Que otro hombre ocuparía su lugar. Pronto. Seguro. Le dijo que era estupenda y que se merecía algo mejor. Le dijo que se marchaba mañana mismo y que no tratara de retenerle, que sus lágrimas no servirían de nada, que la decisión estaba tomada de hacía ya tiempo. Ella no abrió la boca ni un solo instante, lo recordaba perfectamente. Ni una sola palabra se escapó de sus labios, bien apretados para sostener el llanto. Lo único que hizo fue quedarse allí sentada mirando fijamente no sabía bien qué.

La puerta se abre y un tintineo de llaves se deja oír en el vestíbulo. Él, de pie sobre la alfombra, se queda de piedra al verla tan diferente, con otro peinado, otra expresión cansada en el rostro. Ella se sorprende al encontrar a alguien en su apartamento y sale deprisa, con el corazón apresurado en su pecho. Corre a pedir ayuda a algún vecino. Quiere avisar a la policía, a quien sea, ya que en su casa hay un hombre, alguien que la asusta. Alguien que la ha mirado con ojos expectantes, suplicantes, ligeramente húmedos. Mientras baja las escaleras hacia el piso inferior recuerda que le ha parecido ver que aquel hombre tenía los brazos extendidos hacia ella, en lo que parecía la espera de un abrazo de reencuentro.

Más tarde, desde su balcón, puede verlo con los agentes. Está maniatado, vencido, y aunque la distancia es considerable entre ellos dos, un lazo invisible, un lazo que ella no comprende, se extiende en el aire y les une las miradas.
Los ojos del hombre aún suplicantes bajan la guardia y se hunden en sí mismos cuando le hacen entrar en el furgón policial. Ella trata de despegarse esos ojos, esa mirada, de sus propios ojos, de su propia mirada, pero le es imposible y por la noche cuando ningún ruido molesta su sueño, recuerda. Y sabe que si se hubiera fundido en el abrazo que le había ofrecido aquel hombre, hubiera vuelto un pasado que había olvidado por completo.

11 comentarios:

Ro dijo...

¡Pero Martikka!, ¡que cosas escribes!
de todas las posibilidades para el desenlace, has elegido la mas... ¡acertada!, sencillamente estupenda (a mi parecer).
El texto tiene buen ritmo, se "desliza" sin dificultad.

Me encantó, aplausos.
Ro

Ananda Nilayan dijo...

Cuánta gente habrá en esta situación!!! Me ha gustado como has desarrollado la trama, con los puntos de vista de ambos. El final muy inteligente pues estamos acostumbrados a los finales felices y tópicos y has roto el molde. Enhorabuena. Un saludo.

Marta Abelló (martikka) dijo...

Ro, ¿te ha gustado el final? Salió así, sin pensarlo. Y creo que era el mejor para esta pequeña historia. Gracias por tu comentario.

Ananda, veo que a tí también te ha sorprendido el final. La topicidad no siempre va bien en los relatos, pero como ya le he dicho a Ro, este surgió así, sin quererlo. ¡Un saludo!

TitoCarlos dijo...

Trágico intento de reencuentro...
Muy bien narrado, Martikka,
Un beso,

Marta Abelló (martikka) dijo...

Gracias, Tito, ¡un saludo!

*Sechat* dijo...

Esta visita es cortita. Tan sólo para invitarte a que recojas los tres premios que hay para ti en mi blog. En cuanto pueda me vuelvo por aquí y leo con detenimiento. Un abrazo.

Thiago dijo...

Recuerdo haberlo leído, aunque no veo mi comentario. Realmente tremendo relato. La verdad es que la actitud de él es patética. por un lado espera que todavía ella le ame y lo esté esperando, y por otra la dejo diciéndole que se buscara a otro.

Bueno, no sabemos si habría otro o no, supongo que es lo menos importante, pero ella ha reaccionado como se debe. Te fuiste? pues adios muy buenas. Es tontería abrir heridas cerradas y es imposible amar a amores ya amados.

El pasado vuelve, pero no como el se empeña en hacerlo, porque el pasado no puede nunca controlar, por definición, el futuro.

Bezos

Marta Abelló (martikka) dijo...

Ahora mismo me paso, Sechat!!Gracias!

Thiago, gracias por tu comentario: "El pasado nunca puede controlar, por definición, el futuro". Sólo nos debería preocupar el presente, el pasado ¡ya no existe! Besos.

Manel Aljama dijo...

Una entrada muy buena y profesional y en cuanto al final, comparto las opiniones; es bueno, muy bueno. Me he acordado de un libro que he leído hace poco, "La amaba" de Anna Gavalda, en lo del personaje que un día se va, así, sin más explicaciones.

*Sechat* dijo...

Eres la reina Midas de los relatos. Retratas personajes y recreas ambientes con maestría. ¡Enhorabuena!

Daniel Rico dijo...

A despecho de las muchas maquinas del tiempo que la historia de la literatura lista, empezando por la de H G WELLS, es la primera ves que leo que se puede viajar al pasado en un abrazo.

La lista de maquinas temporales de la ciencia aun espera a ser iniciada.

Exelente tu sitio, saludos.