Mover el tiempo

Tratando de no perder la cordura
he de mover con fuerza el tiempo
empujándolo día a día
hacia el futuro,
hacia un satinado infinito de lunas
innumerables.
A veces
enciendo la mecha y el tiempo quema
sin pausas.

La rueda gira implacable
en una huida hacia adelante sin descanso;
pero la vacilación de la llama
me obliga a continuar,
a seguir empujando la rueda hasta el final.
No hay descanso.
Sólo lunas.
Y segundos por contar.



by Marta Abelló

Tras los sueños

Tras los sueños



Ya que las trampas abundan
observad los caminos,
tended cuerdas,
apilad piedras,
venced el miedo.
Cubrid con ramas las dudas.

Todo aquello que no entendáis
que no sepáis,
rompedlo en pedazos
para no forzar inútiles ruegos.

Tal vez no estéis convencidos
de lo que pensáis
de lo que creéis.
Os dije que las trampas abundan.
¿Recogisteis suficientes ramas?
¿Apilasteis suficientes piedras?

Tal vez no podáis asegurar
que mantendréis vuestros puños escondidos
que gritaréis por las injusticias
que dormiréis sin pesadillas.

Tal vez lloréis de nuevo,
a pesar de las ramas y las piedras
que vencieron las dudas,
que sortearon las trampas.

Saltad, entonces,
saltad al hueco vacío del camino
y mirad la esperanza
que os aguarda escondida
tras las trampas,
tras vuestros sueños.

by Marta Abelló

La melodía del universo

Poema que escribí para el prólogo del libro recopilatorio del II Torneo de Poesía Blog Los Caballeros de la Dama de Cristal.
Clic aquí para descargar el libro en PDF (descarga gratuita)


Este libro no es más que el sueño de más de treinta blogueros, más de treinta bitácoras que un día decidieron combatir con poemas por el amor de una Bella Dama, y, más tarde decidieron seguir luchando con sus versos para llegar a alzarse con el título que los honrará por toda la vida, Caballeros y Doncellas de la Dama de Cristal.


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La poesía es el eco
de la melodía del universo
en el corazón de los humanos.

Rabindranath Tagore

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Desde el Ganges hasta los hielos árticos
retumba un profundo eco,
conmueve un armonioso vibrar:

En una antigua cítara
resonando en el templo,

en el aullido de un lobo
entregado a la nívea y eterna luna

en los ojos de un recién nacido
de delicados pétalos nuevos

en la mano del mendigo
callosa, taciturna, obstinada

en el temblor de una hoja
que implora a la tormenta

en la cuerda desgajada de una guitarra
que se lamenta en ristras de canciones

en el límite agreste del acantilado
en la espuma de las olas
en la euforia de las mariposas
en el susurro de la brisa sobre un bosque dormido.

¿No has oído aún el eco del universo,
no has oído aún el melodioso pálpito?

Escucha entonces
el crujido de la tormenta
siente la lluvia en tus párpados,
abandónate a la magia
brinda con lágrimas y esperanzas
arráncate el corazón
y escribe sobre ese escalofrío
que recorre tu espalda.


Escucha la convulsión y el espanto,
el rugido del hambre;
también el fragor de la débil compasión.

Vocea en la cima de los montes
y grita tus miedos
penas
gozos
amores
deseos
el eco te devuelve la melodía
de la que habló el poeta.

Ahora tus sueños
están henchidos como una vela al viento.
Sujeta con una mano la pluma,
con la otra sostiene tu corazón.

Ahora eres el rey y el cantor.
La melodía del universo es tuya.


por Marta Abelló

Lluvia de piedras

Poesía ganadora del II Torneo de Poesía Blogs.


Lluvia de piedras

Desposeído de la tierra, despojado de luz,
cierro puertas, rompo espejos, y me adentro en este lodo
en que se ha transformado todo lo que era mío y amaba.

Olvidé que era humano y que este corazón débil y resquebrajado
no podía soportar súbitas fracturas.
Olvidé que la etérea confianza es efímera;
que los punzantes desgarros son eternos.

Y ahora arrojo monedas al pozo del jardín.
No hay retorno, sólo oscuridad.
Veo lejano el fondo y ni siquiera puedo hundirme del todo.

Se alarga la sombra que provoco.
Pocas palabras sé decir. Pocas pienso.
Viejos tiempos, lamentos, gritos solitarios que resbalan por todo lo que soy.
Como el agua por las paredes del pozo.
Como el moho que se desprende, impasible.

Tendré que olvidar las piedras
que caen del cielo en vez de lluvia.
Tendré que olvidar que mis sueños y mis deseos
se hundieron en un pozo cualquiera que un día, quizás, yo mismo cavé.

Y tras las monedas van mis torpes pasos.
La humedad y las piedras y la lluvia
se enfrentan a mis dedos agarrados al borde: Crispados, fútiles.

Caigo y caigo, como en sueño, como en hielo agrietado,
como en amanecer que llega.
Piedras, lluvia y un pozo infinito.

Como el moho que se desprende de las paredes, ajeno,
como el lodo que me cubre, corrompido,
como el espejo que rompí en pedazos, fragmentado,
resisto la lluvia de piedras,
pretendo el futuro y la tempestad.

 Marta Abelló

Mañana gris

Microrrelato publicado en el blog del programa de radio Sexto Continente de RTVE el 28/04/10.






El niño se detiene ante el amasijo de hierros retorcidos. Su madre se agacha y encuentra un cuaderno de tapas mohosas donde puede leer las crónicas de alguien que relata las imágenes del pasado: Primero fue la luz, como un segundo sol en plena noche; después, el hongo nuclear y los cadáveres: cientos, incontables cadáveres carbonizados. En las páginas húmedas, la mujer lee acerca de la lluvia radioactiva, de las manchas en la piel, las hemorragias, las lágrimas. Y el miedo. El cronista hablaba del miedo agazapado en su espejo cada vez que veía reflejado al fantasma que ahora era; hablaba de la destrucción y las cenizas a su alrededor. Desde su ventana veía el cielo gris, la ceniza gris y el viento gris. Veía grupos de sombras huir de las calles destruidas, del asfalto resquebrajado como ahora sus almas.

La mujer guardó las crónicas en su bolsa e hizo una señal a su hijo; después, silbó a su perro. Juntos caminaron hacia el mañana gris sabiendo un poco más del negro ayer.

Casa oscura

Casa oscura

Relato publicado en la antología del I Certamen Literario El arte de la Literatura-Relatos de Terror
Clic aquí para adquir el libro

Es una antología de 25 relatos de terror (mi relato fue seleccionado por votación popular de entre 203 relatos presentados.)




El viento aullaba sobre sus cabezas. Los niños trataban de refugiarse bajo sus capas y caminaban hombro con hombro tratando de atrapar algo de calor, tratando de no pensar en las alimañas que los observaban tras los oscuros guijarros, tras los espesos matojos de hierbas punzantes.
Las sombras informes se dividían y multiplicaban, susurraban en sus oídos palabras que nunca hubieran deseado oír; les pedían que siguieran la senda de piedras negras, allí donde se ocultaban los voraces insectos, los lagartos de la noche de ojos brillantes, irreales.

La niña vio al cuervo posado en un tocón y se detuvo. Su hermano lo hizo también, agarrando con fuerza su mano, sintiendo el leve temblor de sus dedos fríos. Con los ojos del animal clavados en ellos como agujas, siguieron hacia adelante mientras el crepúsculo también avanzaba como lo hacen las fieras, agazapado, alerta.
El niño miró hacia atrás, pero detrás solo estaba la nada, lo oscuro, por eso sus pasos arrastraron los de su hermana. Corre, corre…

Detrás de ellos, el aleteo del cuervo y los susurros de las alimañas; el murmullo del bosque y el canto del crepúsculo que moría. Delante de ellos, lo ignorado, quizás la muerte, quizás la salvación. Gretchen lloraba, aunque sus lágrimas se las llevaba el viento, como se llevaba las esperanzas de su hermano Hahn de encontrar una salida.
Las tinieblas llegaron y avanzaron a tientas, en silencio, temerosos de que una palabra las rasgara y cayera sobre ellos alguna maldición como aquellas de las que siempre hablaba su madre cuando acudía a su habitación. Les hablaba de alimañas y de casas oscuras donde los niños crecían con el miedo como compañero de juegos, les hablaba de niños que esperaban la llegada del monstruo agazapado dentro de su armario, de las garras que vivían de noche bajo sus camas. Su madre siempre les hablaba de ello después de que su padre hubiera marcado sus espaldas a fuego, después de que las lágrimas de dolor les habían abandonado, después de poner un poco de alcohol en sus heridas. Tal vez todo había sido un sueño, pensaba Gretchen mientras daba un paso más entre las sombras, mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad y podía ver que el bosque terminaba y llegaban a un claro.

Hahn y Gretchen se detuvieron ante la casa que acababan de encontrar. En su porche abierto, una mecedora acunada por el viento hacía crujir el suelo de madera. Sus moradores dormirían, seguro, pero no se negarían a recibir a dos niños perdidos. No podían negarse, pensaba Hahn mientras subía los escalones del porche y detenía su mirada en la mecedora.
Oyeron un aleteo tras sus espaldas y supieron que era el cuervo del tocón, el mismo que ahora se posaba en la espalda de la mecedora guiñando uno de sus ojos mientras la puerta de la casa se abría para ellos. Encontraron una sala iluminada por las brasas que aún quedaban en el fuego y deliciosos manjares que esperaban a sus manos deseosas, a sus estómagos hambrientos. Y mientras comían, las sombras de la casa danzaban en torno a ellos, murmuraban en su presencia; pero su hambre era más voraz, más que el misterio que les rodeaba. Las heridas de sus espaldas cicatrizaban, pero el vacío de sus estómagos nunca lo hacía. Mientras comían, no reparaban en los ruidos del sótano, en los pasos del ático. No reparaban en las huellas de las alimañas que empezaban a rodearles, atraídas por el olor de la comida que no eran los pasteles ni los asados, sino ellos mismos.

El cuervo alzó el vuelo y entró en la casa por un hueco de la ventana resquebrajada para posarse sobre un sillón deshilachado, allí donde descansaba una muñeca sin brazos. Miró a los niños que seguían comiendo, reconfortados por las escasas brasas que el viento que se coló por la chimenea avivó, impaciente por colarse, por observar también lo que había de suceder. Alguien gritó en el ático, y los niños se miraron, interrogantes. Con los estómagos saciados dejaron que las sombras los siguieran escaleras arriba. Allí sólo había cerrazón y tinieblas, quizás terror para otros, pero no para los niños, que llevaban el miedo impreso en sus espaldas y en sus corazones.

En el ático, dos mortajas: Madre y padre envueltos en lienzos ensangrentados.
Las alimañas que los habían seguido abrieron sus bocas, extasiadas ante la sangre y la muerte que no esperaban: Un bocado mejor que los niños, que volvieron a su banquete mientras las garras de las bestias en la oscuridad rasgaban, mordían, roían, animadas por el cuervo que habitaba las sombras de la casa oscura.

by Marta Abelló

Una noche en la casa Usher



Relato finalista de I Certamen de Microrrelatos de Terror Artgerust (Enero, 2010)
Publicado en la antología 100 microrrelatos de Terror. Homenaje a Poe. Gerüst Ediciones.
(Clic aquí para adquirir)






Booktrailer del relato:



Clica en el video y lee con la música de fondo:

Una noche en la casa Usher


El cuervo entró en la habitación revoloteando en torno al barril de amontillado. Picoteó la madera y abrió una brecha que expulsó el líquido, mancillando la alfombra de un color rojizo que se extendió como sangre sobre una herida. El corazón me latía temeroso cuando el cuervo salió por la ventana y las sombras llenaron de nuevo la habitación del sótano que el señor Usher había sido tan amable de ofrecerme aquella noche. No podía más que intentar dormir y esperar el amanecer, pero el maullido apagado de un gato me lo impedía, al igual que el susurro tembloroso de las cortinas que se mecían trayéndome unas palabras: Berenice…Berenice…Su fantasma de vestidos largos y ensangrentados se apareció al fin. Yo la esperaba, no podía más que esperar de una vez la llegada de mi gran amor de pálidos labios, quien volvía de la tumba para recordarme que había sido yo quien la había enterrado…viva.

by Marta Abelló