Casa oscura

Casa oscura

Relato publicado en la antología del I Certamen Literario El arte de la Literatura-Relatos de Terror
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Es una antología de 25 relatos de terror (mi relato fue seleccionado por votación popular de entre 203 relatos presentados.)




El viento aullaba sobre sus cabezas. Los niños trataban de refugiarse bajo sus capas y caminaban hombro con hombro tratando de atrapar algo de calor, tratando de no pensar en las alimañas que los observaban tras los oscuros guijarros, tras los espesos matojos de hierbas punzantes.
Las sombras informes se dividían y multiplicaban, susurraban en sus oídos palabras que nunca hubieran deseado oír; les pedían que siguieran la senda de piedras negras, allí donde se ocultaban los voraces insectos, los lagartos de la noche de ojos brillantes, irreales.

La niña vio al cuervo posado en un tocón y se detuvo. Su hermano lo hizo también, agarrando con fuerza su mano, sintiendo el leve temblor de sus dedos fríos. Con los ojos del animal clavados en ellos como agujas, siguieron hacia adelante mientras el crepúsculo también avanzaba como lo hacen las fieras, agazapado, alerta.
El niño miró hacia atrás, pero detrás solo estaba la nada, lo oscuro, por eso sus pasos arrastraron los de su hermana. Corre, corre…

Detrás de ellos, el aleteo del cuervo y los susurros de las alimañas; el murmullo del bosque y el canto del crepúsculo que moría. Delante de ellos, lo ignorado, quizás la muerte, quizás la salvación. Gretchen lloraba, aunque sus lágrimas se las llevaba el viento, como se llevaba las esperanzas de su hermano Hahn de encontrar una salida.
Las tinieblas llegaron y avanzaron a tientas, en silencio, temerosos de que una palabra las rasgara y cayera sobre ellos alguna maldición como aquellas de las que siempre hablaba su madre cuando acudía a su habitación. Les hablaba de alimañas y de casas oscuras donde los niños crecían con el miedo como compañero de juegos, les hablaba de niños que esperaban la llegada del monstruo agazapado dentro de su armario, de las garras que vivían de noche bajo sus camas. Su madre siempre les hablaba de ello después de que su padre hubiera marcado sus espaldas a fuego, después de que las lágrimas de dolor les habían abandonado, después de poner un poco de alcohol en sus heridas. Tal vez todo había sido un sueño, pensaba Gretchen mientras daba un paso más entre las sombras, mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad y podía ver que el bosque terminaba y llegaban a un claro.

Hahn y Gretchen se detuvieron ante la casa que acababan de encontrar. En su porche abierto, una mecedora acunada por el viento hacía crujir el suelo de madera. Sus moradores dormirían, seguro, pero no se negarían a recibir a dos niños perdidos. No podían negarse, pensaba Hahn mientras subía los escalones del porche y detenía su mirada en la mecedora.
Oyeron un aleteo tras sus espaldas y supieron que era el cuervo del tocón, el mismo que ahora se posaba en la espalda de la mecedora guiñando uno de sus ojos mientras la puerta de la casa se abría para ellos. Encontraron una sala iluminada por las brasas que aún quedaban en el fuego y deliciosos manjares que esperaban a sus manos deseosas, a sus estómagos hambrientos. Y mientras comían, las sombras de la casa danzaban en torno a ellos, murmuraban en su presencia; pero su hambre era más voraz, más que el misterio que les rodeaba. Las heridas de sus espaldas cicatrizaban, pero el vacío de sus estómagos nunca lo hacía. Mientras comían, no reparaban en los ruidos del sótano, en los pasos del ático. No reparaban en las huellas de las alimañas que empezaban a rodearles, atraídas por el olor de la comida que no eran los pasteles ni los asados, sino ellos mismos.

El cuervo alzó el vuelo y entró en la casa por un hueco de la ventana resquebrajada para posarse sobre un sillón deshilachado, allí donde descansaba una muñeca sin brazos. Miró a los niños que seguían comiendo, reconfortados por las escasas brasas que el viento que se coló por la chimenea avivó, impaciente por colarse, por observar también lo que había de suceder. Alguien gritó en el ático, y los niños se miraron, interrogantes. Con los estómagos saciados dejaron que las sombras los siguieran escaleras arriba. Allí sólo había cerrazón y tinieblas, quizás terror para otros, pero no para los niños, que llevaban el miedo impreso en sus espaldas y en sus corazones.

En el ático, dos mortajas: Madre y padre envueltos en lienzos ensangrentados.
Las alimañas que los habían seguido abrieron sus bocas, extasiadas ante la sangre y la muerte que no esperaban: Un bocado mejor que los niños, que volvieron a su banquete mientras las garras de las bestias en la oscuridad rasgaban, mordían, roían, animadas por el cuervo que habitaba las sombras de la casa oscura.

by Marta Abelló

11 comentarios:

Josep Capsir dijo...

Te ha quedado muy chulo Marteta. A ver si estas en la selección.
¿Querrás compartir otro libro conmigo en el certámen de eróticos?
Yo ya he empezado a hacerle punta al lápiz.

Besos y suerte!

Marta Abelló dijo...

Graciès, Josep.
Estoy en la selección de los 25 finalistas del concurso y será publicado en breve, así que espero noticias de la administración.

¡Saludos!
A ver si me animo para el certamen de eróticos...

*Sechat* dijo...

¡Qué cambiazo para el blog! Me encanta. Ahora podremos disfrutar de tus relatos por partida doble: una gozada lo del MP3.

P.D.: Venía a recomendarte la web de REMES, pero ya he visto que estás inscrita en ella. Es una pena que no esté actualizada tu ficha, porque tu talento es enorme y apenas queda plasmado en ella. Un besote.

Marta Abelló dijo...

Sechat, que alegría verte de nuevo por aquí. Echaré un vistazo a la ficha de REMES a ver si la puedo actualizar, pero creo que ellos envian un correo de vez en cuando.

¡Abrazos!

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
B. Miosi dijo...

La música del miserere que acompaña a tu cuento es para poner los pelos de punta, je, je. Me ha gustado la manera ajena como cuentas la historia, sin tomar partido, solo relatas, describes lo que está sucediendo. Los lectores, (pobres de nosotros) tendremos que imaginar el resto, si los padres fueron asesinados por los mismos niños en venganza por los cuentos de terror... pero la incógnita sigue, pues ellos pisaban otra casa que no era suya, luego... ¿qué?

felicitaciones por haber sido seleccionada, Marta,
Un beso,
Blanca

Marta Abelló dijo...

Blanca, muchas gracias. La música acompaña, y en este caso, aumenta sensaciones. La incógnita queda ahí...je,je! Saludos.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
rober dijo...

Muy bueno tu relato de terror Marta, impecable texto y un final abierto. Un gusto leerte.
roberto a. merlo

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

MARTA:

Tu blog es muy interesante, está muy bonito, veo que tú y yo tenemos similares inquietudes con la narrativa, me gusta!!!

Desde hoy te sigo.

Saludos Fraternos.

Marta Abelló (Martikka) dijo...

Rober, gracias por tu visita. Es un placer ser leída.

Ronald, que alegría verte por aquí. El mundo de los blogs es pequeño... También puedes visitar mi blog principal (losmanuscritosdelcaos.blogspot.com) pues en este sólo voy colgando los relatos que voy publicando en otros medios.
Un saludo.